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viernes, 23 de agosto de 2019

Parque de atracciones de Madrid. Lugares para visitar en Madrid.


Parque de Atracciones de Madrid:

El Parque de Atracciones de Madrid es un parque de atracciones situado en Madrid, en la Comunidad de Madrid, en España, concretamente en la zona de Batán de la Casa de Campo.
La historia del Parque de Atracciones de Madrid comenzó el 15 de mayo de 1969, cuando fue inaugurado por Carlos Arias Navarro. Rápidamente se hicieron muy conocidas varias atracciones, como El Tobogán, Los Coches de Choque, El Laberinto de Espejos, 7 Picos, Enterprise, Los Piratas, El Valle de la Prehistoria, El Pulpo o Jet Star. Con el transcurso del tiempo, el parque ha experimentado varias remodelaciones, en las que se han ido cerrando, abriendo y sustituyendo atracciones.

En 1990 se realizó una importante inversión, en la que se abrió la nueva Zona Noroeste, que albergaba las atracciones Cóndor, T.I.R., Aserradero (primera atracción que se instalaba en el parque en la cual los visitantes se mojan), Sillas Voladoras y, posteriormente, Minimotos. También ese mismo año se inauguró la montaña rusa Katapult.
En 1998 se llevó a cabo la remodelación más importante hasta la fecha, cuando el auge de los parques temáticos en todo el mundo forzó a que los propietarios realizasen una inversión de 8000 millones de pesetas (48 millones de euros) para remodelar el parque y convertirlo en parque temático. Esta remodelación completa consistió en la división del parque en 5 zonas, adaptando el aspecto visual y nombre de las atracciones a sus zonas correspondientes, llenando de decorados los caminos, y multiplicando la cantidad de tiendas de recuerdos, así como incrementando el número de actuaciones. En ese mismo año, el Parque de Atracciones, junto al Zoo Aquarium de Madrid, Aquópolis y el teleférico de Madrid se unieron en la empresa Parques Reunidos.

Su mascota original fue Napy, un oso caricaturizado y vestido con chaqueta, boina y un pañuelo blanco al cuello. Su imagen estaba impresa en las calcomanías que servían como tique para montar en todas las atracciones. Fue reemplazado tras la remodelación de 1998 y la creación de Parques Reunidos por la nueva mascota Trasto, un extraterrestre anaranjado similar a un oso con una "T" dentro de un círculo azul en su tripa. Trasto pasó a ser también la mascota oficial de Aquópolis. Esta mascota fue promocionada y presentada al público por medio de un programa televisivo infantil de la cadena Telemadrid llamado Cyberclub, en donde le daban protagonismo. Este programa contaba con muchas participaciones conjuntas con Parques Reunidos, lo que permitió hacer una campaña publicitaria infantil de gran aceptación y éxito, como la creación de una tarjeta de socio del club con la que podrían obtener descuentos en las entradas a las instalaciones de Parques Reunidos. Con el tiempo el programa televisivo dejó de emitirse.

 Desde 2007, la mascota está en desuso tanto en el Parque de Atracciones de Madrid como en Aquópolis. Ha desaparecido de los logotipos oficiales, así como de las promociones y anuncios publicitarios, aunque aún se venden peluches de esta mascota en las tiendas de recuerdos del parque.
En marzo de 2010 se desmantela el Árbol-Cafetería, que formó parte del logotipo y skyline del parque durante muchos años, y en su lugar se monta la atracción Star Flyer. Esto provocó la decisión de retirar del logotipo oficial del parque la representación de dicho árbol.

El acceso y uso del Parque de Atracciones de Madrid históricamente permitía dos tipos de entrada: una que solo permitía el acceso al parque y el uso de las atracciones se canjeaba por tickets adquiridos dentro de las instalaciones, y otra entrada que permitía el acceso y uso ilimitado por un día de la mayoría de las atracciones del parque mediante un identificativo. Este identificativo primero fue una pulsera de cuerda con una chapa metálica, después lo sustituyeron por calcomanías con el logotipo/mascota del parque que se hicieron muy populares, y en su última época con pulseras de plástico duraderas e impermeables.
Desde la revisión de tarifas de 2012 el tique de acceso al parque incluye también el uso de casi todas las atracciones.
En 2015 tuvo una afluencia de 1,2 millones de visitantes




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viernes, 17 de mayo de 2019

Real basílica de San Francisco el Grande. Lugares para visitar en Madrid.



Real basílica de San Francisco el Grande:

Es un templo católico en el barrio de Palacio, dentro del centro histórico de la capital de España. Preside la cara occidental de la plaza de San Francisco, configurada por la intersección de la calle Bailén y la Carrera de San Francisco. Forma parte del convento franciscano de Jesús y María, fundado a principios del siglo XIII, sobre una desaparecida ermita dedicada a santa María.
La basílica fue construida en estilo neoclásico en la segunda mitad del siglo XVIII, a partir de un diseño de Francisco Cabezas, desarrollado por Antonio Pló y finalizado por Francesco Sabatini. El edificio destaca por su cúpula, considerada como la tercera de planta circular de mayor diámetro de la cristiandad; por su suntuosa decoración interior, realizada en estilo ecléctico a finales del siglo XIX; y por su pinacoteca, representativa de la pintura española de los siglos XVII a XIX, con cuadros de Zurbarán y Goya.
Su titularidad corresponde a la Obra Pía de los Santos Lugares de Jerusalén, organismo autónomo dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación. El 19 de octubre de 1980 fue declarada Monumento Nacional, según Real Decreto, recibiendo por tanto la condición de Bien de Interés Cultural.

Historia

El lugar estuvo ocupado anteriormente por un convento-ermita franciscano, que, según la leyenda,1​ fue fundado por san Francisco de Asís en 1217. Cuando Felipe II convirtió Madrid en capital del reino, en 1561, el convento fue ganando en riqueza e importancia y llegó a recibir la custodia de los Santos Lugares conquistados por los cruzados, mediante una Junta Protectora de la Obra Pía de Jerusalén, y el Comisariado General de Indias.
En 1760, los franciscanos derribaron la primitiva edificación para construir, sobre su solar, un templo más grande, que encargaron al arquitecto Ventura Rodríguez. Su proyecto, firmado en 1761, fue desestimado, a favor de un diseño del fraile Francisco Cabezas, redactado por José de Hermosilla. Cabezas concibió una amplia rotonda para el espacio interior, cubierta por una grandiosa cúpula. Sin embargo, las obras tuvieron que suspenderse en 1768, debido a las complicaciones técnicas surgidas, lo que obligó a Cabezas a abandonar el proyecto, presionado por Ventura Rodríguez, quien aprovechó su influencia dentro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Las obras fueron encomendadas entonces a Antonio Pló, que se hizo cargo de la cúpula, concluyéndola en 1770.

En 1776 la comunidad de frailes solicitó al rey Carlos III que se incorporara al proyecto el arquitecto real Francesco Sabatini, uno de los artífices del Palacio Real, a quien se debe la fachada principal y las dos torres que la coronan. También se sumó Miguel Fernández, en calidad de asesor técnico. El edificio fue finalizado en 1784. Durante el reinado de José I (1808-1813), se pensó en destinar el templo a Salón de Cortes, a partir de una remodelación proyectada por el arquitecto Silvestre Pérez. Finalmente, fue convertido en hospital, según Decreto de 3 de marzo de 1812.
En el año 1836, en el contexto de la desamortización de Mendizábal, los franciscanos fueron expulsados y el edificio quedó en manos del Estado español, a través del organismo Patrimonio Real. Un año después, se barajó la posibilidad de convertirlo en Panteón Nacional, pero la iniciativa no pudo materializarse. En 1838, sirvió de sede a un cuartel de infantería, al tiempo que se recupera el culto religioso. La Junta Protectora de la Obra Pía de Jerusalén quedó bajo la titularidad del Estado.
En 1869 se retomó la idea del Panteón Nacional. Durante los cinco años siguientes, albergó los restos mortales de diferentes personalidades de la historia española, entre ellos los de Calderón de la Barca, Alonso de Ercilla, Garcilaso de la Vega, Francisco de Quevedo, Ventura Rodríguez, Juan de Villanueva y Gonzalo Fernández de Córdoba (el Gran Capitán). Fueron depositados en una capilla y devueltos en 1874 a sus respectivos lugares de origen.

En 1879, el templo fue objeto de una profunda reforma y restauración, impulsada por el político Antonio Cánovas del Castillo y financiada por el Ministerio del Estado. La rehabilitación fue aprovechada para decorar su interior, en un proceso que se extendió desde 1880 hasta 1889 y en el que intervinieron diferentes artistas españoles especializados en pinturas murales y artes decorativas, entre los que cabe destacar a Casto Plasencia, José Casado del Alisal y Salvador Martínez Cubells. La mayoría de sus estudios y bocetos se conservan en el Museo del Prado.2​
Traslado de los restos de Calderón de la Barca, desde San Francisco el Grande (en la imagen, a la izquierda) hasta el cementerio de San Nicolás, a su paso por el primitivo Viaducto de Segovia. El grabado corresponde a 1874, cuando el templo dejó de tener la función de Panteón Nacional y fueron devueltos los restos mortales allí depositados a sus lugares de origen.

Las obras fueron realizadas a expensas de los fondos de la Obra Pía de los Santos Lugares, dirigiéndolas, por parte del Ministerio de Estado, Jacobo Prendergast. En la reforma tomaron parte escultores tan renombrados como Jerónimo Suñol, Justo Gandarias Plazón, Mariano Benlliure, Ricardo Bellver, Juan Samsó y Antonio Moltó; pintores de la fama de Carlos Luis de Ribera y Fieve, Alejandro Ferrant y Fischermans ayudado por su gran amigo José María López-Merlo Pascual, Casto Plasencia, Germán Hernández Amores, Manuel Domínguez Sánchez, José Casado del Alisal, José Moreno Carbonero, Antonio Muñoz Degraín, Salvador Martínez Cubells, Francisco Jover y Casanova, Eugenio Oliva y Rodrigo, José Marcelo Contreras y Muñoz y Manuel Ramírez Ibáñez.
También ejecutaron obras de talla y ornamentación Francisco Molinelli, Pedro Nicoli y Varela.3​
En 1926, el rey Alfonso XIII devolvió el templo a los franciscanos. El 30 de junio de 1962 fue declarado basílica menor por el papa Juan XXIII y el 8 de noviembre del mismo año quedó bajo la advocación de Nuestra Señora de los Ángeles, tras una nueva consagración.
A lo largo del siglo XX se fueron sucediendo reformas y rehabilitaciones, permaneciendo cerrado durante décadas.4​ Cabe señalar la iniciada en 1971, abordada por el arquitecto Luis Feduchi, en la que se actuó sobre las cubiertas y la cúpula, con la impermeabilización del emplomado y la restauración de los frescos del domo.
En noviembre de 2001, tras décadas en obras, la iglesia volvió a abrirse al público y en 2006 fueron desmontados los andamios instalados en el interior, con los que los restauradores procedieron a la recuperación de las pinturas murales.





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viernes, 22 de marzo de 2019

Dalieda de San Francisco en Madrid. Lugares para visitar en Madrid.



Dalieda de San Francisco en Madrid.

La Dalieda de San Francisco es un jardín botánico especializado en dalias de una extensión de 4400 m²

Parte de los especímenes proceden de la antigua dalieda ya desaparecida junto al Palacio de Cristal de la Arganzuela

Situación:
A la zona en la que se encuentra este parque peculiar se la conoce como “Las vistillas”, la razón de esa denominación es que está en la zona más alta del Madrid de los Austrias, y las vistas son privilegiadas al sureste de la ciudad.

El pequeño parque está situado en un hermoso lugar del viejo Madrid, y su perímetro está delimitado en uno de los flancos por la pared de la iglesia de la Basílica de San Francisco el Grande, y sobre un terreno de lo que en tiempos fue la muralla árabe de la ciudadela defensiva que en un principio era Magerit.

No muy lejos de otro lugar emblemático, el complejo que agrupa al Palacio Real y la Catedral de la Almudena, los que ocupan el solar en el que originariamente se elevaba el Alcazar de Madrid, construcción defensiva que con el tiempo fue evolucionando en el palacio y residencia de la Corona en la capital del Reino hasta su destrucción en un incendio.

Dalieda de San Francisco Gran Vía de San Francisco, 29 Distrito Centro, CP. 28005 Madrid

Horario: De martes a viernes de 9 a 15 horas. Sábados, domingos y festivos de 10 a 14 horas.
Entrada gratuita.




Historia:

El lugar donde está la Dalieda albergó el convento de San Francisco, anejo a la Basílica que hoy se conoce como de San Francisco el Grande. Dice la leyenda que se construyó el convento franciscano en el lugar donde el Santo de Asís, en su periplo por España con el fin de convertir al sur aún islámico al Cristianismo, hizo parada y fonda, para lo que construyó una choza y promovió la construcción de una ermita.

Lo cierto es que, si bien hay constancia de la presencia de San Francisco en la España cristiana, a la que llegó hacia 1213 según algunos historiadores, no parece que permaneciera hasta el año 1217 como indica la placa que figura en la fachada de la Basílica y otros historiadores, el Santo tenía la intención de participar en el Concilio de Letrán para promover la aprobación de su regla, en 1214 y aunque no hay noticias de que asistiera al mismo, tampoco las hay de que continuara en España.

Construido pues entre el Siglo XIII y XIV, el convento permaneció en pie hasta convertirse en cuartel de infantería y posteriormente en prisión militar. En 1961, con la remodelación urbanística de la zona, fue derribado el convento con el fin de lograr espacio para la prolongación de la calle Bailén, que a partir de ese punto se llamaría Gran Vía de San Francisco.

La Dalieda fue inaugurada el 7 de mayo de 2007 por el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón con algunos de los especímenes de dalias que se cultivaban en la antigua dalieda junto al Palacio de Cristal de la Arganzuela.



La Dalia

Las primeras noticias que se tienen de la dalia datan de 1517, cuando los expedicionarios españoles descubrieron la península de Yucatán. Al parecer quedaron impresionados de la hermosura de una flor que los indígenas llamaban "Acocoxochit", una traducción lo más fiable posible sería “flor tubo de agua”, probablemente porque su tallo es hueco.

Francisco Hernández, médico personal de Felipe II, enviado especialmente para conocer las bondades de Nueva España y dar traslado del conocimiento adquirido a la Corona, describe la enorme belleza de dos especies de flores que los nativos conocían con el nombre de pipa de agua y bastón de agua, esto ocurría en 1570.


La popularización de esta planta, no llegó hasta el siglo XVIII, cuando el director del Botánico de Nueva España, D. Vicente Cervantes, envió semillas de la planta al Botánico de Madrid, en concreto a uno de sus destacados miembros, Antonio José Cavanilles. Éste plantó las semillas obteniendo impresionantes resultados y procedió a seleccionar las mejores floraciones, realizó un pormenorizado estudio y descripción de la misma y le dio el nombre de "Dahlia" en honor al botánico sueco Andreas Dahl.

Posteriormente distribuyó semillas de la planta entre los jardines botánicos europeos con los que el Real Jardín Botánico de Madrid tenía acuerdos de colaboración. Desde ese momento, la popularidad de la dalia creció exponencialmente en todo el mundo donde jardineros de gran prestigio las plantaron en los jardines más hermosos, logrando mediante selección e hibridación muchas de las variedades que hoy podemos disfrutar.


La dalia es originaria de México y es también considerada la flor nacional mexicana por decreto presidencial y por tanto un símbolo botánico de estas tierras, tal es así que desde el año 2007, todos los 4 de agosto se celebra el día nacional de la dahlia, con celebraciones y homenajes a todos cuantos en una u otra manera han tenido algo que ver con la popularidad de tan hermosa flor.
Colecciones

La colección posee 724 dalias de todo tipo, ya sean de tipo pompón, decorativas o dalias cactus.

La mejor época para verlas en todo su esplendor es principios de junio, para después agostar y verlas después remontar a finales de septiembre o comienzos de octubre.

Algunos ejemplares de dalias de la "Dalieda de San Francisco".




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viernes, 15 de febrero de 2019

Jardines de Las Vistillas. Lugares para visitar en Madrid.




Jardines de Las Vistillas:

Los jardines de Las Vistillas o simplemente Las Vistillas son un parque urbano de Madrid situado en la cima y laderas del antiguo cerro del campillo de las Vistillas, en un balcón natural delimitado hacia el oeste por el valle del río Manzanares y hacia el norte por el antiguo cauce del arroyo de San Pedro, sobre el cual fue proyectada la calle de Segovia. El límite meridional lo marca la calle del Rosario y el oriental el eje viario formado por la calle de Bailén y la Carrera de San Francisco.
Presentan dos tramos bien diferenciados. En su parte septentrional se sitúan la plaza de Gabriel Miró y las zonas ajardinadas trazadas en los terraplenes existentes junto al Viaducto de Segovia. En su parte sur, los jardines reciben el nombre de Parque de la Cornisa, llamado así por estar al borde del barranco al que se asoman las fachadas occidentales de los conjuntos monumentales de la Real Basílica de San Francisco el Grande y el Seminario Conciliar de Madrid.
Se trata de una de las formaciones montañosas que sirvieron de defensa natural a la ciudad durante la Edad Media, sobre la cual fue edificado a principios del siglo XIII el Convento de san Francisco, precedente de la actual basílica dieciochesca. Por esta razón, el lugar era conocido en el siglo XVIII como cerro de Las Vistillas de san Francisco el Grande, aunque, en algunos planos de la época, también aparecía el topónimo de plaza de Las Vistillas.
Antes de su adecuación como jardín, en la década de 1920, la zona albergaba distintos mercados de productos alimenticios, principalmente de melones. En la plaza de Gabriel Miró, en un inmueble situado entre las calles de san Buenaventura y Travesía de Las Vistillas, estuvo el estudio del escultor Victorio Macho que después fue ocupado por el pintor Ignacio Zuloaga.



Descripción de los jardines:
Tramo septentrional
Los jardines existentes en la plaza de Gabriel Miró fueron trazados en 1932 por el arquitecto Fernando García Mercadal y remodelados en 1945 por Manuel Herrero Palacios. Ocupan la parte más alta del cerro de Las Vistillas y se distribuyen en dos plataformas escalonadas. La plataforma situada más arriba tiene forma cuasi-rectangular y está rodeada por un murete. Una fuente de planta lobular decora su parte central y, a ambos lados, hay instalados dos monumentos: un busto dedicado a Ignacio Zuloaga, labrado en piedra de caliza por Juan Cristóbal González Quesada en 1947, y la escultura conocida como La violetera, obra de Santiago de Santiago (1925), que estuvo en un primer momento en la confluencia de la calle de Alcalá con la Gran Vía y que fue trasladada a la plaza el 13 de junio de 2003.


La segunda plataforma tiene planta cuadrangular, con cabecera curvada. En ella se inauguró el 29 de mayo de 1972 el monumento a Ramón Gómez de la Serna, realizado en bronce por Enrique Pérez Comendador. Junto a su cara posterior, se eleva una pérgola semicircular, que flanquea al conjunto escultórico.

A la plaza de Gabriel Miró se puede llegar desde la calle de Bailén, por el este, o desde la calle de Segovia, que queda al norte. Cuatro empinados accesos permiten salvar el conjunto de antiguos barrancos: la ondulante calle de Beatriz Galindo; la Cuesta de los Ciegos, en la que unas escaleras de aire monumental, con 254 escalones y construida al inicio del siglo xx suben hasta la plazuela de la Morería;5​ y en menor medida la antigua cuesta de las Vistillas, luego llamada cuesta de Javalquinto, y la calle de Caños Viejos. El entorno ha sido ajardinado con manchas de arbolado y césped.
Tramo meridional
El tramo meridional de los jardines se extiende alrededor de los conjuntos monumentales del Seminario Conciliar de Madrid y de San Francisco el Grande, que cierran su lado oriental, hasta entroncar con el Parque de la Dalieda, inaugurado en 2007 junto a la fachada sur de la basílica. Hacia el oeste se sitúa la Ronda de Segovia, que sigue el trazado de la Cerca de Felipe IV, mandada construir por el monarca en 1625 y demolida en su práctica totalidad en 1868.

Completa el tramo el Parque de la Cornisa, en el que se pueden ver algunos vestigios del palacio del duque de Osuna. Así mismo, dentro del recinto ajardinado del Seminario Conciliar, se conservan una fuente, una columna toscana y diferentes escaleras de piedra, correspondientes a los jardines de la citada residencia palaciega desmantelada en los años finales del siglo XIX.


   


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viernes, 30 de noviembre de 2018

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía .Lugares para visitar en Madrid.



Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía:

El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS), conocido simplemente como Museo Reina Sofía; es un museo español de arte del siglo XX y contemporáneo, con sede en Madrid.

Tomó como sede el antiguo Hospital General de Madrid, gran edificio neoclásico del siglo XVIII situado en la zona de Atocha, cerca de las estaciones homónimas de tren y metro.
Este hospital fue diseñado inicialmente por José de Hermosilla y continuado posteriormente por Francesco Sabatini, y actualmente se le conoce como edificio Sabatini en honor a este arquitecto italiano. El museo fue inaugurado en 1992. En septiembre de 2005 se ampliaron las instalaciones de la institución con la apertura del edificio Nouvel en el inicio de la Ronda de Atocha.


En la colección permanente del museo destaca un núcleo de obras de grandes artistas españoles del siglo XX, especialmente Pablo Picasso, Salvador Dalí y Joan Miró, representados ampliamente y con algunas de sus mejores obras.
Son muy relevantes también las colecciones de arte surrealista (con obras de Francis Picabia, René Magritte, Óscar Domínguez o Yves Tanguy, además de los ya citados Miró y Dalí), del cubismo (que a la colección Picasso añade nombres como Juan Gris, Georges Braque, Robert Delaunay, Fernand Léger o Albert Gleizes), y la presencia de artistas expresionistas, como Francis Bacon o Antonio Saura.


Junto a estos autores hay muchos otros de diversas tendencias tan destacados como Lucio Fontana, Yves Klein, Diego Rivera, Alexander Calder, Roberto Matta, Mark Rothko, Antonio López García, Antoni Tàpies, Miquel Barceló o Sam Francis.

El número de visitantes ha ido aumentando progresivamente hasta convertirse en el museo más visitado de España y uno de los más visitados del mundo.












viernes, 22 de junio de 2018

El Rastro. Lugares para visitar en Madrid.


El Rastro de Madrid

El Rastro de Madrid es un mercado al aire libre, originalmente de objetos de segunda mano, que se monta todas las mañanas de domingos y festivos en un barrio castizo del centro histórico de la capital de España.



Nació hacia 1740 en torno al «Matadero de la Villa» ocupando las aceras de la cuesta de Ribera de Curtidores del barrio de Lavapiés, como un zoco semi-clandestino de venta de objetos usados (baratillos).
El Rastro, con más de un cuarto de milenio de existencia, ha ido reglamentando su existencia y actividad comercial. ​ Su fama internacional (que le hace estar presente en las guías de viaje sobre Madrid como un atractivo singular), le emparenta con otros mercadillos existentes en diversas ciudades de Europa.
El Rastro superaba los 3500 puestos en el año 2000.
Su creación es contemporánea de la de los Cinco Gremios Mayores en Madrid, y fue creciendo a lo largo de los siglos, hasta los 3500 puestos -máximo permitido por las últimas leyes municipales- que tenía en el umbral del siglo XXI.



«Rastro» era en el siglo XVI sinónimo de carnicería o desolladero.
En las tres primeras décadas del siglo XX, el Rastro se extendió por diversas calles adyacentes y atrajo la mirada de intelectuales, artistas y escritores.
El Rastro en el siglo XXI posee una regulación municipal establecida en el año 2000​ Esta regulación permite al Ayuntamiento de Madrid controlar el número de puestos, el tamaño de los tinglados, lo que puede venderse, y las calles donde puede celebrarse. Está prohibida la venta de animales vivos y alimentos en puestos callejeros.
Un máximo de 3.500 puestos de venta se extienden en torno a la Plaza de Cascorro y su monumento dedicado a Eloy Gonzalo en el extremo norte, el eje de la calle de Ribera de Curtidores y calles aledañas, la calle Embajadores al este, y la Ronda de Toledo y la plaza del Campillo del Mundo Nuevo al sur.


Calles del Rastro:

Existen calles y plazas que por tradición, o por la congregación de puestos especializados, se centran en ofrecer un tipo de producto en particular:
  • La calle Fray Ceferino González es conocida por la calle de los Pájaros debido a la venta antiguamente ambulante de animales de compañía y de aves o de artículos para su cuidado. Esta calle congregaba la venta de animales, pero desde la disposición municipal del año 2000 sólo se pueden vender animales en las tiendas de la calle.
  • La calle de San Cayetano, conocida también por la calle de los Pintores por sus locales no ambulantes destinados a la venta de óleos e ilustraciones o artículos para la práctica del dibujo y la pintura
  • La calle de Rodas y las plazas del General Vara del Rey (antigua del escritor Antonio Zozaya) y de Campillo del Mundo Nuevo: todas ellas especializadas en la compra venta de revistas, cromos, estampas y juegos de cartas coleccionables, donde es frecuente ver a niños intercambiándolos.
  • La plaza del General Vara del Rey, además, ofrece gran cantidad de puestos de ropa de segunda mano.
  • La calle del Carnero y la de Carlos Arniches, donde los bouquinistas ofrecen libros de viejo, de ocasión o de colección. Puestos temporales de libros (nuevos, de ocasión o para coleccionistas) se instalan también en el amplio Campillo del Mundo Nuevo.
  • La Plaza de Cascorro está especializada en la venta de ropa underground y accesorios.
  • La Ronda de Toledo, a lo largo de ella y desde mediados del siglo XX se suele vender música y diverso material.

En muchas de las tascas y tabernas de las calles vecinas es posible degustar algunas de las especialidades de la gastronomía de Madrid que en forma de tapa se sirven, por ejemplo, acompañados en la mayoría de las ocasiones de un chato de vino o una caña de cerveza. ​ Es frecuente que se vean tiendas en las que sirvan diversos bocadillos económicos, algunos ejemplos son los de calamares, de chorizo, de tortilla española, queso, etc. Y tostas diversas. Las tapas más habituales pueden consistir en los tradicionales encurtidos de variadas disposiciones como pueden ser las berenjenas de Almagro, los pepinillos, las banderillas. Algunos de los platos servidos en pequeñas raciones tienen gran popularidad como es el caso de los caracoles a la madrileña, las manitas de cerdo, callos.







viernes, 25 de mayo de 2018

Museo del Prado. Lugares para visitar en Madrid.

El Museo Nacional del Prado, en Madrid  es uno de los más importantes del mundo,  así como uno de los más visitados.
Especialmente rico en cuadros de maestros europeos de los siglos XVI al XIX.
El historiador del arte e hispanista Jonathan Brown declara que «pocos se atreverían a poner en duda que es el museo más importante del mundo en pintura europea».



Su principal atractivo radica en la amplia presencia de Velázquez, el Greco, Goya (el artista más extensamente representado en el museo), Tiziano, Rubens y el Bosco, de los que posee las mejores y más extensas colecciones que existen a nivel mundial,  a lo que hay que sumar destacados conjuntos de autores tan importantes como Murillo, Ribera, Zurbarán, Rafael, Veronese, Tintoretto, Van Dyck o Poussin, por citar solo algunos de los más relevantes. 
A principios de 2017 el total de obras expuestas rondaba las 1300.
El inventario de bienes artísticos comprende, a febrero de 2017, más de 35 000 objetos, desglosados en 8045 pinturas, 10 219 dibujos, 6159 grabados y 34 matrices de estampación, 971 esculturas (además de 154 fragmentos), 1189 piezas de artes decorativas, 38 armas y armaduras, 2155 medallas y monedas, 5306 fotografías, 4 libros y 155 mapas. 
Al igual que otros grandes museos europeos, como el Louvre de París y los Uffizi de Florencia, el Prado debe su origen a la afición coleccionista de las dinastías gobernantes a lo largo de varios siglos.



Muchos expertos la consideran una colección «de pintores admirados por pintores».
Las escuelas pictóricas de España, Flandes e Italia (sobre todo Venecia) ostentan el protagonismo en el Prado, seguidas por el fondo francés, más limitado si bien con buenos ejemplos de Nicolas Poussin y Claudio de Lorena. La pintura alemana cuenta con un repertorio discontinuo, con cuatro obras maestras de Durero y múltiples retratos de Mengs como principales tesoros. Junto al breve repertorio de pintura británica, circunscrito casi al género del retrato, hay que mencionar la pintura holandesa, una sección no demasiado amplia pero que incluye a Rembrandt. 
Aunque sean aspectos menos conocidos, el museo cuenta también con una importante sección de Artes decorativas (Tesoro del Delfín) y con una colección de esculturas, en la que destacan las greco-romanas. 
Junto con el Museo Thyssen-Bornemisza y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Museo Nacional del Prado forma el llamado Triángulo del Arte, meca de numerosos turistas de todo el mundo. 



Secciones
Pintura española:
Con casi 4.900 piezas, la sección de pintura española no solo es la más completa y nutrida del Museo, constituyendo el núcleo central de sus fondos, sino que representa también la colección más importante numérica y cualitativamente que de esta escuela existe en el mundo.  Cronológicamente abarca desde murales románicos del siglo XII hasta los primeros años del siglo XX. 

Pintura italiana:
La colección de pintura italiana consta de más de mil obras y es sin duda uno de los grandes atractivos del Museo, aun cuando adolezca de ciertas lagunas, sobre todo en lo referido a obras anteriores al siglo XVI. A pesar de que ya en tiempos de Juan II de Castilla la literatura italiana tuvo gran influencia en España, las novedades en el campo de las artes plásticas llegaron con retraso, siendo su presencia hasta el siglo XVI muy escasa. Ello fue debido en gran parte a la predilección tanto del propio rey como de su hija, Isabel la Católica, por la pintura flamenca, y es la causa de que la colección de primitivos italianos del Museo sea muy reducida. 

Pintura flamenca:
La sección de pintura flamenca es la tercera del Museo, tanto por cantidad (más de mil obras), como por calidad, sólo por detrás de la española y casi al nivel de la italiana. Al igual que en el caso de ambas, gran parte de sus fondos proviene de la Colección Real. Comprende por un lado primitivos flamencos como Robert Campin (con cuatro obras de las aproximadamente veinte que se le atribuyen), Weyden (El descendimiento de la cruz), Dieric Bouts, Petrus Christus y Hans Memling, y la mejor colección a nivel mundial de el Bosco. De este artista el museo conserva tres de sus obras maestras: los trípticos de El jardín de las delicias, El carro de heno y la Adoración de los Magos. Proceden de la colección personal de Felipe II, tan aficionado a este pintor, que ordenó comprar cuantas obras suyas se pudiese. 



Pintura francesa:
Es la cuarta escuela nacional más extensamente representada, con más de trescientas pinturas, aunque a mucha distancia de las tres anteriores. Como en el caso italiano y flamenco, aquí las circunstancias históricas también ejercieron gran influencia, y la casi permanente beligerancia entre España y Francia a lo largo de los siglos XVI y XVII restringió los intercambios artísticos entre ambos países, a lo que se unieron las diferencias de gustos imperantes en cada uno de ellos. 

Pintura alemana:
Pocas son las obras de pintura alemana conservadas en el Prado e históricamente en España en general (hasta la llegada de la colección Thyssen). A pesar de la fuerte relación de los Habsburgos españoles con el Sacro Imperio Romano Germánico, la mayoría de los monarcas hispanos se decantaron por otro tipo de pintura. A causa de ello esta colección es reducida en número, aunque de gran calidad. 

Pintura holandesa:
La continua hostilidad (en muchas ocasiones guerra abierta) entre España y las Provincias Unidas tras la separación de éstas en 1581 dificultó extraordinariamente la llegada a España de pintura del siglo XVII de dicho país, el período de mayor esplendor de esta escuela, a lo que contribuyó además el rumbo tomado por la pintura neerlandesa tras la independencia, buscando un estilo propio que se apartaba y en muchos casos era incluso antagónico del ideal clasicista, lo que hizo que durante largo tiempo no resultara del gusto de los coleccionistas, no sólo de España, sino también de otros países en los que el arte clásico seguía teniendo gran vigencia, como Francia e Italia. Así, mientras los coleccionistas españoles se inclinaban mayoritariamente por obras religiosas y mitológicas, en Holanda tuvieron un gran auge los géneros del paisaje, las marinas, los bodegones y las escenas costumbristas, adquiridos por una burguesía que deseaba de ese modo expresar su identificación con su tierra y con su estilo de vida. Todo ello redundó en que la colección del Museo del Prado no sea especialmente extensa, faltando además en ella nombres fundamentales como Johannes Vermeer y Frans Hals. La mayor parte de las obras que posee el Prado proceden de la Colección Real y casi todas fueron adquiridas ya en el siglo XVIII, especialmente por parte de Felipe V y su segunda esposa, Isabel de Farnesio. 



La pintura holandesa cuenta con cien obras, casi todas del siglo XVII,  entre las que destaca un importante cuadro de Rembrandt: Judit en el banquete de Holofernes, antes identificado como Artemisa recibiendo las cenizas de Mausolo o como Sofonisba recibiendo la copa de veneno. Se trata de una de las obras maestras del periodo temprano de Rembrandt, que parece retratar a su mujer Saskia en la figura femenina principal. 

Pintura británica:
La histórica rivalidad entre España y el Reino Unido, que arranca en el siglo XVI con la subida al trono de Isabel I de Inglaterra y su definitiva separación de la Iglesia de Roma, no contribuyó precisamente a facilitar la adquisición de obras de arte británicas por la Monarquía española (no obstante, en Madrid hay una representación relativamente amplia de esta escuela en el Museo Lázaro Galdiano, de fundación privada). Ello redundó en que la sección de pintura inglesa del Museo del Prado sea pequeña, tan solo veintiocho obras (además de otras dos de atribución dudosa) de dieciocho pintores (o veinte). Además es de escasa variedad, puesto que la gran mayoría son retratos realizados entre la segunda mitad del siglo XVIII y la primera del XIX, y está constituida por piezas de cierta calidad pero poco representativas, excepto en el caso de las de Thomas Lawrence.114 Los cuadros que hay llegaron mediante algunas compras y varias donaciones, dos a finales del siglo XIX y el resto en el XX. 

Otras escuelas:
Más reducida aún, apenas testimonial, es la presencia de pinturas del resto de las escuelas: hispanoamericana (más de una veintena, pero depositadas en el Museo de América), filipina, sueca (Adolf Ulrik Wertmüller, August Franzén, Bernhard Österman), danesa (Eberhard Keil -Monsù Bernardo-), estadounidense, centroeuropea... Respecto a la escuela portuguesa, pese a la cercanía geográfica y a la estrecha relación entre las monarquías española y lusa, especialmente en tiempos de los primeros Habsburgo, la presencia de pinturas de aquel país es ínfima, reduciéndose a seis obras, casi todas del siglo XIX o principios del XX. Las piezas más destacadas son las dos del siglo XVI, los óleos Catalina de Austria, reina de Portugal, como Santa Catalina, obra de Domingo Carvalho, y El rey don Sebastián de Portugal, de Cristóvão de Morais (en España también llamado Cristóbal de Morales).